La serie que dirige el mexicano Manolo Caro se lanza como una revolución del género novelesco para que nos enfrentemos a nuestros tabúes y estereotipos.

Presentada como un reflejo de una sociedad que aún utiliza palabras engañosas y “suaves” para no decir las cosas como son, por ejemplo para enmascarar a la homofobia. Si bien la primera impresión será que el modelo es novelesco, Netflix quiere ofrecer un discurso fresco y directo sobre los asuntos cotidianos de esta era.

Encabezada por Verónica Castro, en su regreso a la televisión; Aislinn Derbez, Cecilia Suárez y Darío Yazbek Bernal, entre otros. Un suicidio, un marido infiel, un yerno transexual, un negocio en la ruina, un hijo bisexual, narcotráfico, sonrían. La casa de las flores, la nueva serie que ofrece la plataforma Netflix. Desvela las contradicciones de una extravagante familia de clase alta, aferrada a mantener las apariencias que le exige una sociedad clasista como es la mexicana, y las grietas que se abren en su código ético presuntamente infranqueable.

Una trama melodramática que en esencia repitieron las telenovelas hace décadas, estancadas en un mismo formato sumamente rentable, pero que el director Manolo Caro reinventa hasta un extremo revolucionario: una versión sin complejos del culebrón millennial. La casa de las flores arranca simulando cierta timidez, pero su mensaje es atípicamente subversivo y poderoso.