Con “Matrimonio” entre vacunos; con ofrendas para agradecer lo que dio y lo que vendrá, comidas, chicha,  hojas de coca y hasta cigarrillos y golosinas, la Celebración a la Pachamama recorre cada punto americano y en el norte argentino es Salta quien ostenta su calendario dedicado a la Madre Tierra.

Cuando apenas el sol entibie el alma en la Ciudad de Salta el 1ro de agosto, un aroma persistente brota en el aire a cada paso. Una especie de neblina inundará la ciudad y Juan Guantay, un salteño de ley dice: “ Es nuestro sahumerio natural”. Una costumbre la de encender unas ramitas de tola y pupusa, arbustos de aromas persistente que también, con el humo que despide se “limpia” el ambiente, las casas, el aire, el alma.

Las familias de todo este territorio se preparan para una de las celebraciones ancestrales más importantes de suelo americano: Pachamama. Y es en esta provincia, donde cada familia en su casa, en la finca, en un lote, en la calle misma y en el pueblo de cada rincón de la puna, los valles o la yunga, rinden homenaje a la madre tierra. “Es tal la costumbre que cada día, en cualquier momento del año es común que cuando uno está por beber agua en el camino primero vierte un chorrito a la tierra, para convidarle, para que todo esté bien, como homenaje”, aclara Juan Gantay.

Desde la ventana del hotel, la casa o ventanilla del auto, puede sentir el aroma de la jarilla flotando y ese humo meloso que despide el incienso de este arbusto que crece en los caminos, en la ruta y en las laderas de las montañas.

Es complejo para un citadino despreocupado llegar a suelo salteño y desayunarse de las costumbres, creencias, en fin, la cultura ancestral. La mejor recomendación es dejarse llevar para conocer la cosmovisión andina y tal vez sea, la mejor manera de entender esta cultura viva.

Miguel Siares es el cacique de la Comunidad Coya Unidos de San Antonio de Los Cobres, a donde residen unos 7500 habitantes, a más de 3700 msnm. Tiempos atrás era impensado celebrar junto a extraños el Homenaje a la Pachamama porque se reservaba para compartir la celebración en la íntimidad.

Hace más de veinte años, se dio el debate y lograron aunar criterios con los que programaron un calendario de celebración para que cada punto de Salta tenga su homenaje y en el mes de la Pachamama, los visitantes puedan compartir esta festividad de acuerdo a sitio donde se encuentre sin interrumpir las reuniones familiares.

Desde la Capital salteña hasta San Antonio de Los Cobres, Campo Quijano,  Los Naranjos ( Oran) y el cierre en Tolar Grande hacia el 31 de agosto, hay sitios donde ya es un clásico y otros más reservados para conocer, si se lo invita, claro está.

Unas 400 personas entre las casi 200 que descendieron del Tren a las Nubes y pobladores, rodean a los organizadores frente a las escalinatas de la estación ferroviaria, donde aguardan los preparativos para hacer el convite: la Boca en el suelo a donde se vierte lo que nos da la Madre Tierra. Desde Cigarrillos hasta hojas de coca y chicha, comidas y bebidas, y mientras tanto, Rosa Aquitian, coloca en la muñeca de los presentes el “Yoke”, un hilado de dos hebras, una negra y otra blanca, para alejar la mala onda.

El cacique, junto con Teófila y el intendente de San Antonio de Los Cobres, Leopoldo Salva,  coinciden en resaltar la importancia para este pueblo de la celebración que ya es el quinto año que presentan en Ciudad de Buenos Aires para promocionar la llegada de turistas.

Es que los tejidos, las cerámicas y hasta un paseo con llamas (Camélidos) que conduce Anatolio, un joven emprendedor turístico, permiten que se desarrollen nuevas propuestas para que los visitantes le hagan frente a la altura y permanezcan un día más en este lugar para conocer la riqueza de su gente.

Los viajeros y visitantes forman una hilera larga hasta que les llega el turno de arrodillarse ante la boca realizada en el suelo y siguiendo el paso a paso, convidan a  la Madre Tierra, hojas de coca, cigarrillos y chicha. La tarde se pone fresca, el cielo turquesa se enciende de magenta en la cima de los cerros y las sombras se alargan. La noche de San Antonio de Los Cobres promete las mil y una estrellas.