La mística y el romanticismo son parte de la atracción que ejercen los faros y que subyuga a los viajeros que se rinden en definitiva ante la simpleza de sus formas y su vitalidad. Será también la soledad y la idea concreta de estar en el borde del mapa con un horizonte a nuestro alcance el que lleva a los curiosos a transitar huellas apenas insinuadas en campo traviesa que conducen a estas torres lumínicas de un siglo. Y en cada una de ellas una y mil historias. Desde Julio Verne hasta Jorge Luis Borges y un sin fin de personajes de la humanidad sintieron tal vez la misma atracción y la contaron en sus libros.

El verdadero Faro del Fin del Mundo

Hoy con excursiones marítimas se llega al que todos le dicen el Faro del Fin del Mundo, en el Canal de Beagle frente a Ushuaia pero que en realidad se llama Les Eclaireus, pintado de franjas rojas y blanco, que alcanza los once metros de altura y funciona con paneles solares que proveen la energía al equipo de luz. La idea del fin del Mundo se mantiene cuando uno embarca aguas abiertas y es valiente ante el movimiento inestable que se siente y con el frío que raspa el rostro de pronto llega, frente a frente y se rinde ante esta pequeña construcción que exhibe sus líneas sencillas como única habitante junto a los lobos marinos sobre un peñón. Sin embargo, el verdadero Faro del Fin del Mundo al que se refería Julio Verne está más lejos, en la Isla de Los Estados y lleva el nombre San Juan del Salvamento.

En Isla Pingüino

Otra navegada imperdible es frente a la costa de Puerto Deseado en Santa Cruz que conduce al faro de Isla Pingüino, donde además del Faro que ya no funciona y se camina entre los restos de lo que fue la casa del farero de un siglo atrás, están las dos colonias de pingüinos, el de Magallanes y el de Penacho Amarillo que comienza a llegar para anidar en octubre, momento Top del año hasta fines del verano.

 

El único Faro para dormir

El único Faro donde se puede dormir es el de Punta Delgada, en Península Valdés, en la costa chubutense. Pero es sólo para elegidos.

Desde la primavera hasta el otoño llegar hasta aquí promete una estadía imperdible. La antigua estafeta postal es hoy el desayunador, donde sus ventanales reciben la luz de la mañana para entibiar el día. Hay senderos de trekking, acantilados y bancos dispuestos para admirar el horizonte que se despega del mar. También una lobería en la playa se puede avistar. Y las cabalgatas son otra opción para quienes quieren conocer el lugar.

Como la Torre Eiffel

La costa argentina los muestra desde que la generación del 80 comenzó a construirlos tal como los vemos hoy. Los hay de todos los estilos. De metal, de mampostería y de adobe, si de barro. A gas, energía solar con los paneles que los independizaron de los encargados o con el sistema llamado “Barbier” que fue el comienzo de todos los faros hasta que los suplantaron por kerosene. El de punta Médanos, lo construyó la misma firma que hizo la Torre Eiffel, emblema de París. Era la empresa Barbier, Bénard & Turene y lo enviaron en cajas, por barco, desarmado como un mecano. Joyas si las hay, aquello fue en coincidencia con la expo universal de Paris, la tecnópolis de 1900.

El más antiguo y de adobe!

Hablando de lo criollo y porque los faros se construyen de acuerdo a los materiales y elementos que existen en los alrededores de su emplazamiento, el faro más antiguo de adobe y que se mantiene en funcionamiento está en la costa rionegrina en el balneario El Cóndor. Es de 1887 y se puede visitar.

El Faro cuadrado

Para quebrarse y sentirse los “únicos” y por aquello de que somos como el primer mundo, Argentina tiene un faro cuadrado, es el de San Jorge en Comodoro Rivadavia y su forma es lo que lo iguala, –o casi– a “lanterna di Genova”, también de base cuadrada a diferencia del resto de los faros con torre cilíndrica. Aunque el título de “primero” lo ostenta el escocés de 1905 ubicado en Pillar Rock, en la costa de Holy Island, un peñón donde dicen que es de propiedad de una comunidad budista y que muchos eligen a esta bahía de Lamlash como retiro espiritual.

Con balcón al mar

En nuestro suelo, todavía, el motivo de visitarlos es por curiosear, para mirar y asomarse, como ofrecía hasta hace unos años el balcón al mar que del faro de Cabo Blanco en Santa Cruz y sino, tan sólo recorrer la costa para llegar y mirar los bichos que viven junto al mar. Desde Recalada hasta el Faro Esperanza y el 1ro de Mayo en la Antártida, los faros son los vigías y pasión de multitudes. Un viaje de culto.

MÁS DATOS:

El hospedaje del Faro de Punta Delgada, cerca de Puerto Madryn en Península Valdés cuenta con 27 habitaciones. www.puntadelgada.com

El Servicio de Hidrografía Naval de la Armada Argentina tiene su info en www.hidro.gob.ar y la publicación: www.lagacetamarinera.com.ar

“Fareros” la especialidad más antigua de la Armada y se estudia en la Escuela de Suboficiales.

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